miércoles, 6 de diciembre de 2017

Leer en público

Querido lector que lees extensivamente, ansiosamente y contrareloj: estas leyendo con la esperanza de lo que algunos llaman iluminación. Sabemos todos del placer de leer algo nuevo, de renovar la mirada con alguna idea embriagadora, exóticamente ajena. Es una experiencia entre el goce y la angustia, comiendo las lineas como a una droga nueva (y de resultado definitivamente experimental) percibiendo de reojo el final de los párrafos, ansiosos de que el chapuzón literario (¿literario?) cierre en algún tipo de satisfacción, de sensación de tiempo bien aprovechado, algo realmente extraño y preciado en la red.
¿A qué puedo aspirar entonces en una red inundada de ideas nuevas, aveces originales, rara vez útiles al intelecto, pocas de ellas con el condimento divino del placer ...?
Empezaré pues por ir generando entradas con aquellos párrafos que sienta que pueden ser un buen "chapuzón literario", o filosófico, o cómico.
Aspiro entonces a generar aquello que alguna vez, gracias a dios, me transformó en un lector.
Voy a compartir el placer de algunas de mis lecturas.
Experimentemos el comercio del placer, mientras ansioso les largo anzuelos literarios que los lleven de un tirón a ser lectores satisfechos en busca del libro prometido por una frase (ojo, no toda buena frase nace como parte de un buen libro!).
Lector: si me sigues aún y no pasaste al siguiente blog automáticamente, en poco tiempo pondré mis primeras huellas de gato en la pantalla.
Mientras tanto lees, seguramente rodeado, pacientemente sentado en algún cyber-café, rodeado de extraños o amigos. De algún modo, un poco sorpresivamente, has estado leyendo en público.
Salúdame al cajero, y que tengas un buen día. 
De este lado busco algo... no se bien qué o donde. Ya aparecerá.

lunes, 11 de julio de 2011

De la frase a los niños.

Quiere escribirse sola la frase y prescinde de mí por un momento. Sale de su cola un pequeño hilo de tejido que nos auna. El cordón no se corta, ella vuelve a mi boca, y mi garra se suaviza bajo el lápiz y su costumbre de desliz. Otra vez nos ata el ahogo y la altura desmedida de la hoja en blanco, pero nos duele en los dedos la sed de aventura: nos aventuramos, los aventureros de la letra, cabalgando el párrafo, conquistando lineas como trinchetas.
Desfallecemos, no estamos acostumbrados. Nuestra juventud se ha derramado por un leve raspón en el talón y somos ahora los mensajeros cuyas manos lucen como viejas bolsas de arena mal guardadas.
La luz de un artificio que sabe sacar de nosotros las hebras fuertes nos enreda y se teje a sí mismo a nuetro tapiz. Forma parte su fibra de nuestra propia debilidad, pero resiste y arrastra consigo su sed, que juzgamos vampírica erroneamente. Alli yace reposando, sabio y jóven al mismo tiempo, esperando el momento de emerger, de ejercer su fría mirada de terciopelo dersgranado.
Lucimos juntos en la entrada al futuro todas las historias llevadas a nuestra presencia. El pabellon de nuestra histeria es colmado otra vez por las garras de una infancia odiada.
Los niños espían entre nuestros dedos como en la copa enferma de ramas de un bonsay, y sienten escribirse sus propias miserias futuras en lo espeso de las uñas. Huyen, ni siquiera miran detrás: los que han deslizado en esta momia de las penas se ha escrito y eso ya está hecho. Corren solo para detener el tiempo con placeres oportunos hasta que la locomotriz silueta les quiebre el ensueño y los mate vivos y desplazados a la frontera de la razón.
Sonrío: la conquista es inminente. El texto yace a mis pies y su última resistencia se me entrega mientras abrazo la soledad infantil hasta ahogarla con mis frases de rústica y concreto. El último bastión cae,y en mis manos desciende su último sable, marcando con su punta enterrada ni mas ni menos que el punto del final.



sábado, 28 de noviembre de 2009

Sobre el arrepentimiento


Él sale por entre la gente y penetra el grupo. Se enrosca como un trabajador más y deja que el mundo piense que está ahí como el resto. Cree: tiene fe en su propio arte de soñar un futuro mejor y mas justo, donde ser mas iguales, mas compañeros y mas confiables, para poder vivir mejor, tranquilos todos ellos, sin el temor de los unos a los otros.
Ni siquiera se da cuenta que ya ha fallado: si miente al resto no es justo, y se miente a si mismo y a su sueño. Se siente incómodo, molesto, inseguro y potencialmente dañino. Pero a la larga se deja convencer de que solo es su temor, porque todo va bien, porque lo que hace es por el bien común.
Es así como los escalones se elevan sobre pilares de espuma: los escalones son regalos de aquellos que lo rodean y se llenan de orgullo al nombrarlo. La espuma es aquello que ha pintado de veracidad. Y no importa cuan parecida a sus verdaderas ansias y pensamientos sea la espuma, porque al cabo del tiempo el propio constructor de su destino se da cuenta de cuán flojo es su camino: un día entre malabares hiper-realistas descubrirá que al fin y al cabo es humano, y que los músculos de su actuación se cansan, y los pinos del malabarista tocarán irremediablemente el suelo sin perdón, ni suerte, ni intervención divina... y cederá bajo sus pies el piso.
Allí, debajo de la confianza que recibió se expondrá lo que siempre estuvo soportando el peldaño, solo un artificio. En ese momento, cuando los huesos de su desconfianza se revelen y sean más que nunca evidentes las debilidades, solo en ese entonces habrá llegado a la última frontera, donde divergen la vergüenza y la hipocresía.
Por una senda se entra bajo la ineludible condición del arrepentimiento, por la otra con la fuerte y tóxica arrogancia de los sinvergüenzas. Todo anida en el valor de abandonar su adicción a la actuación, de reemplazar el espejo de Stanislavski por otro mas mundano, menos perfecto, mas propenso a colaborar para que no se confunda con su propio reflejo, para que no se mienta a si mismo.
Es el momento donde puede cambiar (quizás por última vez) la factura completa de su propio futuro. Lo que es humo no será nunca piedra, no al menos en nuestras cortas vidas.

Cuan duro es el esfuerzo para confesar: todo aquello que se ha dicho en 3ra persona es potestad de la primera, sin remedio. Y no puedo contener mas mi arrepentimiento, no sin terminar haciendo de alguna forma más daño.
Lo siento Susana, Juan, Paula. Para la oficina y las amistades perdidas, lo siento. Para Carlos, Gabriel y Gabriela, para el Eduardo, Claudia, el negro y Roberto, y para mí mismo... mi arrepentimiento.
El camino de pronto parece mas corto y humilde: al menos su único peldaño es sincero.


Sylvia Plath: De la victoriosa arrogancia



"Habia descubierto que si uno hace algo incorrecto con cierta arrogancia, como si supiera perfectamente que está haciendo lo que corresponde, puede salir del paso y nadie pensará que es grosero o ha recibido una mala educación. Pensarán que uno es original y muy ocurrente"
S.P. ("La Campana De Cristal)

Vlady Kociancich: el vampirismo soñado de los escritores


"La mayoria de los autores de ficción tenemos una naturaleza platónica. Me refiero a que nos gusta mas la idea de una cosa que la cosa. Los de ciudad soñamos con vivir en el campo tranquilos, pero en el campo nos morimos de angustia. Anhelamos viajar pero una vez en marcha, nos deprimen los trámites, esperas y molestias, y extrañamos dolorosamente la pieza, la ventana, el escritorio donde, ay, escribíamos tan cómodos. [...] Asi entramos y salimos, espías de artes ajenas, en el cine, la pintura, el jazz, anidando la misteriosa convicción de que si hubiéramos querido y con viento a favor, habríamos hecho estupendas películas, tocado la trompeta como Louis Armstrong, o participado en la bienal de Venecia."
"A estos latidos sueltos del deseo los llamamos `materias pendientes`. Buen nombre, aunque estudiar, rendir y aprobar el examen suele dejarse para un futuro que incluya la reencarnación."
V.K. (para ADN, suplemento cultural del diario La Nación, publicado el 15/09/07)


Silvina Ocampo: una escritora deliciosa


LOS DELFINES


Los delfines no juegan en las olas
como la gente cree.
Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.
¿Qué buscan? No sé.
Cuando tocan el fin del agua
despiertan bruscamente
y vuelven a subir porque el mar es muy profundo
y cuando suben ¿qué buscan? No sé.
Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño
y vuelven a bajar dormidos,
y vuelven a tocar el fondo del mar
y se despiertan y vuelven a subir.
Así son nuestros sueños.

S. O.

Pulsión

Aunque no he perdido la ebriedad que acompaña a la escritura; sí siento graves cayos en mi sensibilidad.
Los cuentos salen no solo crueles sino también crudos, faltos de reflexión, escritos con la mano aun fría para la soportar el peso de la tinta... La ansiedad se suma a la fragilidad, y pare textos plenos de omisiones y a la vez envenenados de énfasis en los detalles, como quién junta órganos vitales sin el soporte detallado de un cuerpo, solo esqueleto, hígado, pulmones, corazón y cerebro, sin sangre, nervios, dientes ni uñas...
Escribir no se torna tan sagrado como era: el ebanista es ahora un tallador de bocetos, el dibujante solo despliega figurines, y el tiempo apasionante de seis horas de ceguera y pluma apretada se torna con suerte media hora de una lapicera medio seca y una carrera contra la memoria gaseosa, a la que arremete un viento caprichoso que vacía su figura sin culpa.
Agradezco estas líneas. A mí, a mi renovada paciencia hija de la angustia, al amor por volver a ser (que soberana esta utopía!), a quien piense que la sangre de la letra es la disciplina hermanada con el goce, la página escrita como el ansiado orgasmo, la lectura de los otros y su mirada divina brindando hálito a la tinta.
Porque tener el ansia de escribir no alcanza. Tampoco el tiempo, ni la salud, ni la dicha de un vocabulario. Hace falta conocer el placer que sucede a la ansiedad, conmoverse con la antigua magia del tiempo y su efecto al decir en su madurez una frase. Un pensamiento escrito y reescrito, un texto pensado y repensado, besando la boca del texto a sabiendas de que el beso será devuelto, porque la fe en él resulta de la fe en mí, en los que me enseñaron, y en que esto donde estoy andando, escribiendo, respirando.... es un camino.

Puede que un día descubra que no desespero por simples bocetos, que la ansiedad no me doblega la mano, y que lo que sea capaz de escribir, mañana me brindará sus ecos.
Si estoy en lo cierto, resultará que algún día seré un escritor.